«¡NUNCA MÁS SOLA, ABUELA!»

El 19 de junio del 2018, los restos de Stella Llona Miller, madre de Gustavo Mohme Llona, fueron repatriados del Cementerio Mayor de Milán (Italia), donde estuvieron sepultados 86 años. Y desde el 30 de octubre pasado, reposan al lado de su hijo, en el Cementerio Jardines de la Paz de Lima.

El logro ha implicado dos años de trámites complicados, precedidos de un tiempo mayor para ubicar los restos. Ha sido una misión cumplida a fuerza de amor filial y solidaridad. La historia enaltece la vida del personaje que inspira el trabajo de esta Fundación, que ya celebra su quinto aniversario.

Por Edmundo Cruz

A fines de 1930, una joven madre peruana salió a Milán con su bebé de meses en busca de un porvenir mejor para ella y el pequeño. Su matrimonio no había prosperado. En Perú, el Oncenio de Leguía había llegado a su fin y Europa sentía los estragos del “crack” financiero de 1929. Stella Llona Miller empezó a trabajar, pero la crisis desatada no tardó en alcanzarla. La empresa en que laboraba quebró. “Tú sabes, mamacita, yo tengo el afán de triunfar y de ganar dinero por mi hijito”, escribió su progenitora y no se amilanó. Hasta que el 14 de junio de 1932, la sorprendió la muerte prematura. Ella fue sepultada en el Cementerio Mayor (Cimitero Maggiore) de la ciudad y el niño, Gustavo, de dos años y dos meses, quedó en una situación incierta. No tenía aún uso de razón, aunque sí un mundo afectivo capaz de percibir la ausencia de la mamá.

El niño permaneció en Italia corto tiempo. Se sabe que a los pocos meses retornó a Lima, acompañado de una señora de nombre Carmen. Ella lo entregó a la abuela materna, Stella Miller, quien lo crió con la ayuda de los tíos Adriana, Augusto y Alfonso Miller. En un momento no precisado, el hijo intercambió correspondencia con su padre, Gustav Mohme, ciudadano estadounidense establecido en California. Existen sí, cartas paternales afectuosas de los años 1956 a 1964. En octubre de 1965, se conocieron en persona, en Los Ángeles. Fue un encuentro breve y definitivo. Su padre Gustav falleció en diciembre de ese año. Sobre ese cimiento se erigió la personalidad del ingeniero Gustavo Mohme Llona.

86 años después

La mañana del martes 19 de junio del 2018, en el Cementerio Mayor de Milán, una lápida de mármol blanco con la foto de Stella Llona Miller estampada en la piedra lisa y una urna de metal que contenía sus cenizas fueron entregadas por las autoridades a la nieta, Stella Mohme Seminario. Ella es la hija mayor de Gustavo Mohme Llona y la promotora de la gestión de repatriación iniciada a fines del 2016, en representación y con el apoyo de la familia Mohme Seminario.

–Cuando vi su foto en la lápida, no pude contenerme–, escribió Stella por la noche en su diario personal improvisado. Su amiga de juventud, Carmen Lehtonen, contó que la nieta “contemplaba con tanto cariño a su abuela… como si esta recién hubiera muerto”. Carmen es peruana, radica en Helsinki, Finlandia, y la acompañó durante su estancia en Milán.

Igual de emocionante fue el recibimiento de la urna con las cenizas. Era todo lo programado, pero la nieta insistió en visitar el nicho de la abuela y la casa en que vivió. El Cementerio Mayor tiene un área de 678 mil m2 (68 manzanas) y aloja medio millón de tumbas. Una hora de caminata y llegaron al pabellón 53, nicho 1749. Encontraron una flor celeste de tela prendida en el frontis de la tumba desocupada.

–Alguien pensó en ti, abuela–, registró en su diario Stella, como si dialogara.

Contra viento y marea

La repatriación demandó dos años. “Fue un trámite heroico, contra viento y marea”. Así lo ha definido Luisa Pastore-Alicante, ciudadana italiana radicada en Perú y traductora de Estado, de relevante papel en la gestión.

Pero el traslado no habría sido posible si no se hubiera tenido la ubicación exacta de los restos de la abuela en los cementerios de Milán. Stella Mohme obtuvo el dato en agosto del 2016. La tarea anhelada pasó a la orden del día. ¿Cómo empezar?

Confió su inquietud a María del Carmen Pizarro, traductora pública y amiga íntima. Pizarro tuvo la certeza de consultar a su colega Luisa Pastore, arriba mencionada, quien viaja con frecuencia a Milán por razones familiares. Luego Stella fue contactada con Luisa, quien escuchó la historia y se involucró.

En su siguiente viaje a Milán, Luisa llamó al Cementerio y confirmó la información sobre el nicho. Todo cuadraba. Ahí fue informada de que la repatriación de restos requería de una funeraria. Recurrió presta a su amiga Tiziana Vincioni, propietaria de una prestigiosa funeraria en Roma, y la puso en contacto con Stella Mohme. Tiziana escuchó, reflexionó y finalmente aceptó. 

“Fui seducida por la sinceridad de la emoción y pasión con las que la nieta impulsaba la búsqueda de los restos de la abuela y su repatriación. Lo mismo motivó a Tiziana”, contó Luisa Pastore. Stella Mohme realizaba las gestiones en Lima y Tiziana hacía lo propio en Roma y Milán; en este último caso, a través de su corresponsal: Pagani Marmi.

Las dificultades aparecieron en Milán. Faltaba la partida de nacimiento de Stella Llona Miller. El certificado de defunción presentaba deficiencias. Había nombres incompletos. La exhumación y cremación requirió gestiones especiales. Exigieron poderes de todos los nietos y visto bueno del consulado para el traslado, etc. Las soluciones se coordinaron por teléfono, WhatsApp y correo electrónico, de continente a continente. Viajes, solo uno, para recibir los restos.

“Nunca he visto desfallecer a Stella. A cada dificultad le buscaba salidas. Desaparecía meses y luego reaparecía con la solución. La mayoría de cosas tuvieron que hacerse desde Lima. Tiziana hizo lo suyo en Roma y Milán. Se dio de cara contra la pared por miles de obstáculos, pero insistió y finalmente se logró. Yo hice amistad con Stella recién. Esta amistad es un don de los dioses; me ha permitido ser útil en este asunto”, concluyó Luisa Pastore.

“No olvidar”

Todo empezó 20 años atrás, en setiembre de 1999. “No sé por qué estoy pensando mucho en mi madre”, confesó Gustavo Mohme Llona a su hija mayor, Stella. Fue en la recepción del matrimonio de Helena, la menor de los Mohme Seminario.

“La revelación de mi padre impulsó mi afán de búsqueda –comentó Stella–. Comencé con el origen del apellido. Una fuente genealógica me contactó vía Internet con Bob Mohme, nieto del abuelo Gustav. En enero del 2000, me envió un correo con datos familiares. Le conté a mi padre. Me confirmó que tenía dos medio hermanos en California y que Bob era hijo de uno de ellos. Posteriormente tuve un encuentro personal casual con él, en Los Ángeles. Pero esa relación se cortó”.

Después del fallecimiento del fundador de La República, el 23 abril del 2000, la indagación de la familia se orientó hacia la abuela. Estaba sepultada en un cementerio de Milán, era lo único que se sabía. Depositaria celosa de fotos y cartas es doña Ramona Seminario, esposa de don Gustavo Mohme Llona. En algún momento se tuvo información confirmatoria del lugar de entierro, pero no se siguió. Tal vez por la distancia o porque las nuevas tecnologías todavía no habían tocado las puertas de los cementerios.

“Cuando creamos la Fundación y empezamos a recordar a mi papá y a pensar en su historia –recuerda Stella, también presidenta de la entidad– aceleré el paso. Por las noches digitaba: ‘cementerios de Milán’. Buscaba un aplicativo que me dijera: aquí está. Hasta que di con uno en idioma italiano que solo tenían los teléfonos Samsung”.

Un día, almorzando con su hija y un amigo de ella, Gianfranco Peirano, que habla italiano y tenía el aparato indicado, Stella le pidió: “¿Puedes entrar a esta aplicación y buscar el nombre de mi abuela?”.

La aplicación se llama: “Not2 4Get” (“Not to forget”, en español: No olvidar). En medio del almuerzo, el amigo descargó la aplicación, buscó y apareció el dato: Cimitero Miggiore, Stella Llona Miller, pabellón 53, nicho 1749.

“Not2 4Get” es una aplicación creada por la Municipalidad de Milán, el 31 de octubre del 2015, con este propósito: “No más confusión y caminatas inconclusas entre las avenidas y los campos de los cementerios milaneses en busca de una tumba”.

La recepción y el traslado de los restos de Stella Llona Miller han paliado un dolor de décadas y simbólicamente han puesto fin a la separación madre-hijo.

Perfil

Stella Llona Miller

Limeña. Nació el 23 de abril de 1910. Hija de Scipión Emiliano Llona Gastañeta y de Stella Miller. Su padre fue un científico, pionero en Sismología y secretario de la Sociedad Geográfica de Lima.

Recibió una formación cultural esmerada, conforme se deduce del contenido, y de la redacción y caligrafía de sus cartas.

Con sensibilidad estética y vocación para la pintura y el arte. Amante del teatro. Visitó Chile y mantuvo contacto con las organizaciones de artistas de ese país.

Las fotos que se conservan muestran su belleza natural, 1.72 metros de estatura, figura esbelta, vestir elegante y moderno para la época.

Se enamoró y contrajo matrimonio con el estadounidense Gustav Mohme, representante de la Warner Bros para la distribución de películas traducidas al español, en México, Perú, Chile y Argentina, con sede en Los Ángeles. Productor de filmes como “María Candelaria” y “Dos tipos de cuidado”. De esa unión nació Gustavo Mohme Llona, el 25 de abril de 1930.

Stella tenía 20 años y medio cuando viajó a Italia. Falleció en Milán el 14 de junio de 1932, a los 22 años, un mes y 21 días.

El sueño del patriarca

 Por Max Hernández

El peregrinaje de Stella Mohme Seminario al cementerio Maggiore, en las afueras de Milán, culminó en la repatriación de los restos de su abuela, Stella María Llona. Los latinos solían decir nomenestomen: cuando Gustavo Mohme Llona puso a su hija mayor el nombre de su madre –que era también el de su abuela, Stella Miller de Llona, quien lo crió– y le pidió a su hija que se lo pusiera también a su nieta, tal vez no sabía que inscribía un designio que era reflejo de un “amor constante más allá de la muerte”, como diría Quevedo.

Se había hecho posible el sueño del reencuentro de un niño con la madre que había perdido muy temprano, un sueño de niño que traía consuelo a un hombre signado por un duelo y que la familia Mohme Seminario había hecho suyo.

Es innegable el sentido simbólico que encierran las honras fúnebres. Forman parte de la cultura de los pueblos y han inspirado grandes obras de arte que siguen conmoviendo a la humanidad. Son testimonio de los profundos vínculos que unen a las familias, a los amigos y a la colectividad.

Los Mohme Seminario en pleno asistieron conmovidos a la ceremonia del reencuentro de madre e hijo en los Jardines de la Paz. Estuvieron acompañados por quienes renovaron su admiración y cariño por ese niño huérfano que llegó a ser una gran personalidad de la política peruana.